DIALOGO EN EL INFIERNO
DIALOGO EN EL INFIERNO
Democracia vs Tiranía
(parte I).
José Enrique Gutiérrez López, MDC
En el año de 1864 Maurice Joly publica de manera anónima en Bruselas, el libro
“DIALOGO EN EL INFIERNO”. Este documento fue introducido en Francia de
contrabando en varias partidas; pero como algunos de los contrabandistas eran
miembros de la policía, ésta con gran facilidad incautó toda la edición y
desenmascaró a su autor, el cual pasó un tiempo en la cárcel.
Algunos sostienen que los redactores de los “PROTOCOLOS DE LOS SABIOS DE
SION”, plagiaron el texto del “DIALOGO EN EL INFIERNO” de Joly, aunque algunos
otros estudiosos argumentan que la autenticidad de estos protocolos nunca ha sido
puesta en duda.
La contra-portada del libro publicado por “Editorial Muchnik” en el año de 1974 en
Barcelona, España, advierte: “el diálogo de Joly merece un lugar privilegiado en la
literatura política. Por boca de Maquiavelo el autor analiza con singular lucidez las
astucias y artimañas del poder absoluto, anticipa y denuncia las estratagemas de
todos los déspotas que dictan constituciones con el solo fin de disimular su poderío.
Montesquieu defiende la causa de la democracia y de la libertad dentro de la Ley . . .
El diálogo entre los dos titanes es como un eco del que caracteriza nuestra época,
diálogo entre cinismo y legalidad, entre autocracia y democracia, entre fines y
medios”.
Jean-Francois Revel, quien escribe el prefacio de este libro señala: “el Montesquieu
a quien Joly va a pescar a los infiernos, sostiene la tesis del continuo progreso de la
democracia, de la liberación y legalización crecientes de las instituciones y
costumbres que harán imposibles el retorno a ciertas prácticas”. Por su parte,
Maquiavelo sostiene que: “el despotismo moderno . . . parece viable
independientemente del poder personal al que nosotros espontáneamente lo
vinculamos . . . Que el autoritarismo sea personal o colegiado es una cuestión
secundaria; lo que importa es la confiscación del poder, los métodos que es preciso
seguir para que dicha confiscación sea tolerada por los ciudadanos integrantes del
grupo de aquellas sociedades que pertenecen históricamente a la tradición
democrática occidental”.
“El triunfo de este sistema…
Ha consistido en conciliar el
orden con la libertad, la
estabilidad con el movimiento,
y lograr que la generalidad de
los ciudadanos intervengan en
la vida política al par que se
suprimen las agitaciones en las
plazas públicas”.
Es asombrosa la similitud de los conceptos “maquiavélicos” vertidos por Maurice Joly
en su “DIALOGO EN EL INFIERNO ENTRE MONTESQUIEU Y MAQUIAVELO” con
la forma en que durante 71 años el pri-gobierno acaparó el mando del país, al grado
de llegar a ser el titular absoluto de los gobiernos Federal, Estatal y Municipal, tanto
en el Poder Ejecutivo como en el Legislativo y Judicial. La opinión y voz de los
ciudadanos fue silenciada, la voluntad nulificada. ¿Qué torcida mentalidad, qué
perversa iniciativa de uno o varios “políticos inteligentes” concibió tal autoritarismo
disfrazado de democracia? ¿Cómo es posible que nos hayan podido nulificar?
¿Cómo pudimos perder nuestra capacidad de indignarnos, de reclamar, de gritar, de
rebelarnos?
Parecería que el “TRATADO DEL PRINCIPE” de Maquiavelo fue y es aun hoy el
libro de cabecera de los “políticos” del antiguo régimen dictatorial y absolutista,
cuando su libro de consulta debiera ser “EL ESPIRITU DE LAS LEYES” de
Montesquieu. Espero no sepa de él Fox.
En razón de que el diálogo entre Maquiavelo y Montesquieu es extenso, elaboré una
síntesis dividida en dos partes, la primera, a continuación. Lee con atención esta
primera parte del diálogo imaginario-real creado por Maurice Joly. Los comentarios
después. Asómbrate:
Maquiavelo: “Me han dicho que en las orillas de esta desierta playa tropezaría con la
sombra del gran Montesquieu. ¿Es acaso la que tengo ante mis ojos?”.
Montesquieu: “¡Oh Maquiavelo! A nadie cabe aquí el nombre de grande. Mas sí, soy
el que buscáis”.
Maquiavelo: ” . . . A nadie tanto anhelaba encontrar como a Montesquieu. Relegado
a esta región desconocida por la migración de las almas, doy gracias al azar por
haberme puesto por fin en presencia del autor de “El espíritu de la Leyes”.
Montesquieu: “. . . ¿Podríamos compartir quienes hemos llegado a estas sombrías
riberas?”.
Maquiavelo: “Sí”.
Montesquieu: “¿Vais a entrar entonces en la parte profesional de vuestras
doctrinas?”.
Maquiavelo: “Hablando en términos abstractos, la violencia y la astucia ¿son un mal?
Sí, pero su empleo es necesario para gobernar a los hombres, mientras los hombres
no se convierten en ángeles. Cualquier cosa es buena o mala, según se la utilice y el
fruto que dé; EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS”.
Montesquieu: ” . . . Con atención he escuchado vuestras palabras, Maquiavelo.
¿Deseáis (ahora) oírme? . . . Si me preguntarais cuál es el fundamento del derecho,
respondería que es la moral, cuyos preceptos nada tienen de dudoso u oscuro, pues
todas las religiones los enuncian y se hallan impresos con caracteres luminosos en
la conciencia del hombre. Las diversas leyes civiles, políticas, económicas e
internacionales deben manar de esta fuente pura . . . Todo bien depende de la
perfección o imperfección de las instituciones, pero también de ellas dependerá
necesariamente todo el mal que sufrirán los hombres como resultado de su
convivencia social”.
“Durante tanto tiempo expuestos a la arbitrariedad por la confusión de los poderes,
que le permitía a los príncipes dictar leyes tiránicas y ejercerlas tiránicamente, los
pueblos han separado los tres poderes — legislativo, ejecutivo y judicial—
estableciendo entre ellos límites constitucionales imposibles de transgredir sin que
cunda la alarma en todo el cuerpo político”.
“EL TRIUNFO DE ESTE SISTEMA… HA CONSISTIDO EN CONCILIAR EL ORDEN
CON LA LIBERTAD, LA ESTABILIDAD CON EL MOVIMIENTO, Y LOGRAR QUE
LA GENERALIDAD DE LOS CIUDADANOS INTERVENGA EN LA VIDA POLÍTICA
AL PAR QUE SE SUPRIMEN LAS AGITACIONES EN LAS PLAZAS PÚBLICAS”.
Maquiavelo: “Permitid que ante todo examine en sí misma la mecánica de vuestra
política: tres poderes en equilibrio, cada uno en su compartimento; uno dicta las
leyes, otro las aplica, el tercero debe ejecutarlas. El príncipe reina y los ministros
gobiernan. Todo lo habéis previsto, todo ordenado salvo el movimiento: el triunfo de
un sistema semejante anularía la acción . . . pero en verdad las cosas no ocurren de
esa manera”.
“En cualquier momento, la rotura de uno de los resortes, tan cuidadosamente
fraguados por vos, provocará el movimiento. ¿Creéis por ventura que los poderes se
mantendrán por largo tiempo dentro de los límites constitucionales que les habéis
asignado, que no los traspasarán? ¿Es concebible una legislatura independiente que
no aspire a la soberanía? ¿O una magistratura que no se doblegue al capricho de la
opinión pública?”.
Montesquieu: “Conozco desde hace mucho tiempo las críticas que se hacen a los
gobiernos libres . . . Sé de muchos Estados que viven pacíficamente con tales leyes:
compadezco a quienes no pueden vivir en ellos”. . . pero decidme: “¿Cómo podía
afianzarse el derecho de la nación, si el principio de la soberanía residía únicamente
en la persona del príncipe? ¿Cómo podía su gobierno no ser tiránico si el encargado
de hacer ejecutar las leyes era al mismo tiempo el legislador? ¿Qué protección
podían tener los ciudadanos contra la arbitrariedad, si una sola mano reunía
confundidos los poderes legislativo, ejecutivo y judicial?”.
Maquiavelo: “Si me escucháis podréis juzgar. EN NUESTRO TIEMPO SE TRATA
NO TANTO DE VIOLENTAR A LOS HOMBRES COMO DE DESARMARLOS,
MENOS DE COMBATIR SUS PASIONES POLÍTICAS QUE DE BORRARLAS,
MENOS DE COMBATIR SUS INSTINTOS, QUE DE BURLARLOS, NO
SIMPLEMENTE DE PROSCRIBIR SUS IDEAS SINO DE TRASTOCARLAS,
APROPIÁNDOSE DE ELLAS”.
Montesquieu: “¿Y de que manera? No entiendo este lenguaje”.
Maquiavelo: “EL SECRETO PRINCIPAL DEL GOBIERNO CONSISTE EN
DEBILITAR EL ESPÍRITU PÚBLICO, HASTA EL PUNTO DE DESINTERESARLO
POR COMPLETO DE LAS IDEAS Y LOS PRINCIPIOS . . . Se suele hablar hoy en
día del poder de la opinión; yo os demostraré que cuando se conocen los resortes
ocultos del poder, resulta fácil hacerle expresar lo que uno desea. Empero, ANTES
DE SOÑAR SIQUIERA EN DIRIGIRLA, ES PRECISO ATURDIRLA, SUMIRLA EN
LA INCERTIDUMBRE MEDIANTE ASOMBROSAS CONTRADICCIONES, OBRAR
EN ELLA INCESANTES DISTORSIONES, DESCONCERTARLA MEDIANTE TODA
SUERTE DE MOVIMIENTOS DIVERSOS, EXTRAVIARLA INSENSIBLEMENTE EN
SUS PROPIAS VÍAS. Uno de los grandes secretos del momento consiste en saber
adueñarse de los prejuicios y pasiones populares a fin de provocar una confusión
que haga imposible todo entendimiento entre gentes que hablan la misma lengua y
tienen los mismos intereses”.
Montesquieu: “¿Cuál es el sentido de estas palabras cuya oscuridad tiene un no sé
qué de siniestro?”.
Maquiavelo: “Permitidme que os diga ante todo en qué condiciones esenciales
puede hoy el príncipe consolidar su poder. DEBERÁ EN PRIMER TÉRMINO
DEDICARSE A DESTRUIR LOS PARTIDOS, A DISOLVER, DONDE QUIERA
EXISTAN, LAS FUERZAS COLECTIVAS, A PARALIZAR EN TODAS SUS
MANIFESTACIONES LA INICIATIVA INDIVIDUAL; a continuación, el nivel mismo de
temple decaerá espontáneamente y todos los brazos, así debilitados, cederán a la
servidumbre. ¿Me permitiréis que os diga cómo? UNA VEZ JEFE DE GOBIERNO,
TODOS MIS EDICTOS, TODAS MIS ORDENANZAS TENDERÍAN
CONSTANTEMENTE AL MISMO FIN: ANIQUILAR LAS FUERZAS COLECTIVAS E
INDIVIDUALES, DESARROLLAR EN FORMA DESMESURADA LA PREPOTENCIA
DEL ESTADO, CONVERTIR AL SOBERANO EN PROTECTOR, PROMOTOR Y
REMUNERADOR”.
Montesquieu: “¿De que manera?”.
Maquiavelo: “Pues bien, VISLUMBRO LA POSIBILIDAD DE NEUTRALIZAR A LA
PRENSA POR MEDIO DE LA PRENSA MISMA. Puesto que el periodismo es una
fuerza tan poderosa, ¿SABÉIS QUÉ HARÁ MI GOBIERNO? SE HARÁ
PERIODISTA, SERÁ LA ENCARNACIÓN DEL PERIODISMO”.
Montesquieu: “Siento una gran curiosidad . . . por saber cómo os ingeniareis para
llevar a cabo este nuevo programa”.
Maquiavelo: “Contaré el numero de periódicos que representen los que vos llamáis la
oposición. Si hay diez por la oposición ya tendré veinte a favor del gobierno; si
veinte, cuarenta; si ellos cuarenta, yo ochenta”.
Montesquieu: “Es muy sencillo, en efecto”.
Maquiavelo: “No tanto como lo pensáis, porque ES INDISPENSABLE EVITAR QUE
LA MASA DEL PÚBLICO LLEGUE A SOSPECHAR ESTA TÁCTICA . . . Dividiré los
periódicos leales a mi poder en tres o cuatro categorías . . . Como el dios Vishnú, mi
prensa tendrá cien brazos y dichos brazos se darán la mano con todos los matices
de la opinión, cualquiera que sea ella, sobre la superficie entera del país. Se
pertenecerá a mi partido sin saberlo. Quienes crean hablar su lengua hablarán la
mía, quienes crean agitar su propio partido, agitarán el mío, quienes creyeran
marchar bajo su propia bandera, estarán marchando bajo la mía”.
Montesquieu: “¿Se trata de concepciones realizables o de fantasmagorías? Produce
vértigo . . . ¿Y que ventajas os reportará todo eso?”.
Maquiavelo: “CON LA AYUDA DE LA OCULTA LEALTAD DE ESTAS GACETAS
PÚBLICAS, PUEDO DECIR QUE DIRIJO A MI ANTOJO LA OPINIÓN EN TODAS
LAS CUESTIONES DE POLÍTICA INTERIOR O EXTERIOR. Excito o adormezco los
espíritus, los tranquilizo o los desconcierto, defendiendo el pro y el contra, lo
verdadero y lo falso. Hago anunciar un hecho y lo hago desmentir, de acuerdo con
las circunstancias. COMBATO A MI CAPRICHO A MIS ENEMIGOS SIN
COMPROMETER JAMÁS MI PROPIO PODER, pues, luego de haber hecho hablar a
esos periódicos, puedo infligirles, de ser necesario, el repudio más violento . . .HOY
EN DÍA, UTILIZAR LA PRENSA, UTILIZARLA EN TODAS SUS FORMAS, ES LEY
PARA CUALQUIER PODER QUE PRETENDA SUBSISTIR”.
Montesquieu: “Es sumamente ingenioso: de esta manera, vos siempre tendréis la
última palabra, y ello sin recurrir a la violencia”.
Maquiavelo: “EL OBJETO ÚNICO INVARIABLE DE MIS CONFIDENCIAS
PÚBLICAS SERÁ EL BIENESTAR DEL PUEBLO. Hable yo, o haga hablar a mis
ministros o escritores, el tema de la grandeza del país, de su prosperidad, de la
majestad de su misión y su destino nunca quedará agotado; NUNCA DEJAREMOS
DE HABLAR SOBRE LOS GRANDES PRINCIPIOS DEL DERECHO MODERNO Y
DE LOS GRANDES PROBLEMAS QUE PREOCUPEN A LA HUMANIDAD . . . LA
PRESENTACIÓN DE MIS PRINCIPIOS, IDEAS Y ACTOS SE HARÁ BAJO UNA
AUREOLA DE JUVENTUD, CON EL PRESTIGIO DEL DERECHO NUEVO EN
OPOSICIÓN A LA DECREPITUD Y CADUCIDAD DE LAS VIEJAS
INSTITUCIONES”.
Montesquieu: “¡que extrañas concepciones! . . . Pero, a menos que haya una
ceguera sin nombre, se os reprochará . . .”
Maquiavelo: “NO TENGO LA PRETENSIÓN DE ESCAPAR A LAS CRÍTICAS;
POCO ME IMPORTAN, SIEMPRE QUE LAS OIGA. TENDRÉ POR PRINCIPIO, EN
TODAS LAS COSAS, LA IRREVOCABILIDAD DE MIS DECISIONES, NO
OBSTANTE LAS HABLADURÍAS. Un príncipe que actúa de esta manera está
siempre seguro de imponer el respeto de su voluntad”.
Montesquieu: “Es difícil que, en un sistema semejante, los ciudadanos vivan sin
abrigar resentimientos contra el gobierno”.
Y así termina la primera parte del diálogo entre estos personajes. Si quitas de esta
conversación los “vos”, “os”, “vuestro”, “. . . reís”, “. . . iais”, y demás terminaciones
de aquella forma de hablar, encontrarás un diálogo muy contemporáneo, aún hoy
vigente, con una actualidad asombrosa. Parece que escuchamos la estrategia de un
gobernante de setenta u ochenta años atrás, o de un “político” de hoy, año 2001.
¿Cómo quedaría el diálogo entre Maquiavelo y Montesquieu si sustituyéramos a los
protagonistas? En lugar de Maquiavelo pondríamos a un personaje de nuestro
tiempo; y para hacerlo más real, un político cercano, uno que tengamos a la mano,
aquel que conozcamos perfectamente, que represente el autoritarismo, la
intransigencia, la intolerancia, al que llamaremos “EL CACIQUE”. Y en lugar de
Montesquieu pondremos a un honesto político ciudadano, defensor de las causas
justas, protector del débil, del desamparado, del que nada tiene, paladín de la
democracia, la ley y la justicia, al que llamaremos “EL DEMÓCRATA”.
¿Lo hiciste? ¿En quién pensaste? ¿Conoces algún o algunos políticos que así
actúen hoy, ya sea como “EL CACIQUE” o como “EL DEMÓCRATA”? Aún sin
mucha imaginación, la analogía nos ubica inmediatamente en el año 2001. Vemos
con pesar que nuestros gobernantes (aquellos de antes y algunos que aún quedan)
mas bien encajan dentro de la primera clasificación. Parece ser que utilizaban como
libro fundamental en sus clases de Ciencia Política el “Tratado del Príncipe” de
Maquiavelo, cuyo estudio, al cual su ideología les es afín, les produce ya en la
práctica hartos beneficios, jugosas ganancias, poder y temor, pero junto con esto el
repudio y desprecio de los ciudadanos. ¿O no?
Desde luego lo ruin de los conceptos de Maquiavelo es el abuso; lo perverso de su
pensamiento es lo que hace a todos los demás distintos del príncipe, no una persona
sino una muchedumbre; es la inmoralidad del político la que lo convierte en el
propietario del poder, el titular omnipotente del Estado. De aquí la necesidad de
contar con una ciudadanía consciente, participativa, crítica y de unos medios
electrónicos y un periodismo libres, comprometidos con la verdad, incorruptibles,
leales a sus ideales que serán los de todos: equidad, justicia, libertad.
“El poder, como terrible pestilencia, corrompe todo lo que toca” dice Shelly. Si es una
tendencia del hombre corromperse a causa de un excesivo uso de la autoridad que
le fue delegada, creyéndose el todopoderoso, es necesario entonces cercar el
ejercicio del poder político, ponerle límites. Debemos así propiciar leyes justas y
equitativas por las cuales cada uno de los tres poderes, legislativo, ejecutivo y
judicial, dentro de sus respectivos ámbitos legales, desarrollen en armonía sus
obligaciones, pero siempre con autonomía y respeto, no siendo ninguno de ellos
mejor o peor, con más o menos facultades, sino los tres en equilibrio perfecto. Tal
vez así podamos evitar el endiosamiento de nuestros gobernantes y obtengamos
beneficios directos del Estado.
El diálogo continúa; la segunda parte es todavía más inquietante. No olvides leerla.
(continuará). (J.E.G.L. Mérida, Yucatán, México, mayo de 2001).
DIALOGO EN EL INFIERNO
DEMOCRACIA VS TIRANIA (parte II, )
JOSE ENRIQUE GUTIERREZ LOPEZ MDC.
El libro de Maurice Joly publicado en Bruselas en el año de 1864 “DIALOGO EN EL
INFIERNO”, representa una pieza maestra de literatura por la forma en que Joly
expone las teorías de Maquiavelo y Montesquieu, lo que hemos podido apreciar de
la primera parte de estos diálogos publicados ya.
Estamos acostumbrados a hablar de democracia, entendida como un régimen de
Gobierno en que se respeta la división de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.
Así crecimos, creyendo en esto, confiando en que los políticos gobernaban así:
honestamente, en beneficio del bien común y de la igualdad de todos los
ciudadanos.
Pero la realidad era y es diferente. Vivimos un México bizarro. En lo económico, lo
político y lo social el país ha sido devastado. La mentira: el pan nuestro de cada día,
nada de lo que se nos decía era verdad. Fox puede comprobar hoy la bancarrota en
que se encuentra México, al grado que todos los mexicanos tendremos que pagar
las culpas, el latrocinio y la desvergüenza de los políticos y empresarios corruptos,
millonarios hoy, desde luego.
La primera parte de este artículo termina donde Montesquieu señala a Maquiavelo el
que las críticas pudieran acabar con un gobierno déspota, irresponsable, ya que los
ciudadanos siempre sentirán recelo hacia sus gobernantes, a los cuales quisieran
derrocar.
Continuando el diálogo, se nota la actualidad de los conceptos de estos dos
personajes. La síntesis del libro de Joly, en su segunda parte, expresa una cruda
realidad política actual. Veamos:
Maquiavelo: “¿CÓMO SE DERROCA A LOS GOBIERNOS EN NUESTROS DÍAS?.
POR MEDIO DE DISTINCIONES LEGALES, DE SUTILEZAS DE DERECHO
CONSTITUCIONAL, utilizando contra el poder todos los medios, todas las armas,
todas las combinaciones que no están expresamente prohibidas por la ley”.
Montesquieu: “Al escucharos se pensaría, en verdad, que las leyes son susceptibles
de la más fantásticas interpretaciones. ¿Acaso los textos legislativos no son claros y
precisos? ¿Acaso pueden prestarse a ampliaciones o restricciones como las que vos
indicáis?”.
Maquiavelo: “NO EXISTE TEXTO ALGUNO, POR MUY CLARO QUE SEA, QUE NO
PUEDA PRESTARSE A LAS SOLUCIONES MÁS DISPARES . . .ES UN HABITO
COMÚN A LOS LEGISLADORES DE TODOS LOS TIEMPOS EL ADOPTAR, EN
ALGUNAS DE SUS DISPOSICIONES, UNA REDACCIÓN UN TANTO ELÁSTICA”.
Montesquieu: “Son tantos los escollos que deberéis evitar, que seria un milagro si los
previerais todos . . .”
Maquiavelo: “En los primeros tiempos, es posible . . . en tales y cuales coyunturas
dadas, CUANDO PUEDA TEMERSE QUE SURJA ALGUNA DIFICULTAD SOBRE
TAL O CUAL ASPECTO DE LA LEGISLACIÓN, LA ADMINISTRACIÓN, EN FORMA
DE ADVERTENCIA, DECLARARÁ QUE TAL O CUAL ACTO CAE BAJO LAS
GENERALES DE LA LEY, QUE LA LEY ABARCA TAL O CUAL CASO . . . tomo mi
punto de apoyo donde todos lo toman hoy en día, en el derecho”.
Montesquieu: “En el derecho del mas fuerte”.
Maquiavelo: “EL DERECHO QUE SE HACE OBEDECER SIEMPRE ES EL
DERECHO DEL MÁS FUERTE; NO CONOZCO NINGUNA EXCEPCIÓN A ESTA
REGLA”.
Montesquieu: “Y los representantes de la nación, ¿también los nombraréis vos?”.
Maquiavelo: “Bien sabeis que eso no es posible”.
Montesquieu: “Entonces, os compadezco, porque si abandonáis el sufragio a su
propia suerte, si no encontráis alguna nueva combinación, la asamblea de los
representantes del pueblo, bajo la influencia de los partidos, no tardará en llenarse
de diputados hostiles a vuestro poder”.
Maquiavelo: “Por la misma razón, ni en sueños dejaría el sufragio librado a sus
propios medios”.
Montesquieu: “Me lo esperaba. Más ¿qué combinación adaptareis?”.
Maquiavelo: “En esta materia, todo cobra singular importancia. « Las leyes que
establecen el sufragio son fundamentales; la forma en que se otorga el sufragio es
fundamental; la ley que determina la forma de emitir las boletas de sufragio es
fundamental » ¿no fuisteis vos quien dijo esto?. Ya habéis podido observar . . . que
mí propósito real y declarado es representar al pueblo. Depositario de todo los
poderes que me ha delegado, SU VERDADERO MANDATARIO SOY EN
DEFINITIVA YO, SOLO YO. Quiere lo que yo quiero, hace lo que yo hago, es
indispensable en consecuencia, que DURANTE LOS PERÍODOS ELECTORALES
NO PUEDAN LAS FACCIONES HACER VALER SU INFLUENCIA EN
SUSTITUCIÓN DE AQUELLA DE LA CUAL YO SOY LA PERSONIFICACIÓN
ARMADA. Por tal razón, he preocupado hallar aún otros medios de paralizar sus
esfuerzos. Preciso es que os diga, por ejemplo, que la ley que prohibe las reuniones
se aplicará naturalmente a aquellas que pudieran celebrarse con motivo de la
elecciones. De esta manera, los partidos no podrán ni ponerse de acuerdo, ni
entenderse”.
Montesquieu: “¿Por qué ponéis siempre adelante a los partidos?. So pretexto de
imponerles trabas, ¿no es por ventura a los electores mismos a quienes las
imponéis?. Los partidos en definitiva, no son más que agrupaciones de electores; y
si los electores no pueden esclarecerse por medio de reuniones, de discusiones,
¿cómo podrán votar con conocimiento de causa?”.
Maquiavelo: “No os inquietéis por los electores. Además, sabré ser tolerante; no solo
no pohibiré las reuniones que se celebren en el interés de mis candidatos, sino que
hasta cerraré los ojos frente a las maniobras de ciertas candidaturas populares que
se agitarán estruendosamente en torno a la consigna de la libertad; claro está que,
debo decíroslo, quienes más fuerte gritarán serán hombres adictos a mí”.
Montesquieu: “Y el sufragio mismo, ¿cómo lo reglamentáis?”.
Maquiavelo: “Haré que se voten por comunas”.
Montesquieu: “Fácil es comprenderlo: OBLIGÁIS AL VOTO CAMPESINO A
DIVIDIRSE ENTRE CELEBRIDADES INSIGNIFICANTES o a volcarse, en ausencia
de nombres conocidos, en los candidatos designados por vuestro gobierno. Mucho
me sorprendería si, en este sistema, despuntaran muchas capacidades o talentos . .
. No encuentro argumentos para oponeros. Reanudad pues, la descripción de
vuestro reglamento electoral”.
Maquiavelo: “DIVIDIRÉ LOS COLEGIOS ELECTORALES EN UN DETERMINADO
NUMERO DE CIRCUNSCRIPCIONES ADMINISTRATIVAS, en las cuales solo habrá
lugar para la elección de un diputado único y donde, por lo tanto, cada elector no
podrá inscribir en su papeleta más que un solo nombre. ES IMPRESCINDIBLE,
ADEMÁS, TENER LA POSIBILIDAD DE NEUTRALIZAR A LA OPOSICIÓN EN
AQUELLAS CIRCUNSCRIPCIONES DONDE SU INFLUENCIA SE HAGA SENTIR
EN DEMASÍA. Supongamos, por ejemplo, que en las elecciones anteriores se haya
hecho notar por una mayoría de votos hostiles, o que existan motivos para prever
que se pronunciará contra los candidatos del gobierno; nada más fácil de remediar;
si dicha circunscripción tiene un reducido volumen de población, se le incorpora a
una circunscripción vecina o alejada, pero mucho más extensa, en la cual sus votos
se diluirán, su espíritu político se dispersará. Si, al contrario, la circunscripción hostil
tiene una importante densidad de población, se la fracciona en varias partes que se
anexan a las circunscripciones vecinas, en las cuales se perderá totalmente”.
Montesquieu: “Observo, no sin sorpresa, que no aplicáis una medida que sugeríais
antaño . . . . y que consiste en hacer sustituir inmediatamente después del comicio,
por los encargados de realizar el escrutinio, las papeletas del sufragio”.
Maquiavelo: “Hoy en día quizá resultará difícil, y creo que este medio no debe
utilizarse sino con la mayor prudencia. Por lo demás, ¡un gobierno hábil, dispone de
tantos otros recursos!. SIN COMPRAR DIRECTAMENTE EL SUFRAGIO, ES
DECIR, DINERO EN MANO, NADA LE SERÁ MÁS FÁCIL QUE HACER VOTAR A
LAS POBLACIONES A SU ANTOJO POR MEDIO DE CONCESIONES
ADMINISTRATIVAS, PROMETIENDO AQUÍ UN PUERTO, ALLÍ UN MERCADO,
MÁS LEJOS UNA CARRETERA, UN CANAL, Y A LA INVERSA, NO HACIENDO
NADA POR AQUELLAS CIUDADES . . . DONDE EL VOTO SERÁ HOSTIL”.
Montesquieu: “Nada tengo que reprochar a la profundidad de tales combinaciones;
más ¿no teméis que se diga que ora corrompéis, ora oprimís el sufragio popular?,
¿no teméis arriesgar vuestro poder en luchas en las que siempre se verá tan
directamente comprometido?”.
Maquiavelo: “Es el temor el que habla en vos; tranquilizáos. Uno de mis grandes
principios es el de OPONER A LOS SEMEJANTES. Así como combato la prensa por
la prensa misma, combatiré la tribuna con la tribuna; TENDRÉ A MI DISPOSICIÓN
UN NUMERO SUFICIENTE DE HOMBRES DIESTROS EN ORATORIA, CAPACES
DE HABLAR SIN DETENERSE DURANTE VARIAS HORAS. LO ESENCIAL ES
TENER UNA MAYORÍA COMPACTA Y UN PRESIDENTE DIGNO DE CONFIANZA.
Para dirigir los debates y obtener el voto se requiere un arte muy singular. De cada
veinte miembros de la cámara, diecinueve serán adictos a mí y todos ellos votarán
de acuerdo con una consigna; mientras tanto, YO MISMO MOVERÉ LOS HILOS DE
UNA OPOSICIÓN FICTICIA Y CLANDESTINAMENTE SOBORNADA; después de
esto, que vengan a pronunciar elocuentes discursos: entrarán por los oídos de mis
diputados como entra el viento por el ojo de la cerradura”.
Montesquieu: “Después de haber destruido la conciencia política, deberíais
emprender la destrucción de la conciencia moral, habéis matado a la sociedad,
ahora matáis al hombre”.
Maquiavelo: “Solo me resta ahora explicaros ciertas particularidades de mi forma de
actuar, ciertos hábitos de conducta que conferirán a mi gobierno su fisonomía última.
DESEO, EN PRIMER LUGAR, QUE MIS DESIGNIOS SEAN IMPENETRABLES
AÚN PARA QUIENES MÁS CERCA SE HALLARÁN DE MÍ . . . NO COMUNICARÉ
MIS PROYECTOS SINO PARA ORDENAR SU EJECUCIÓN Y SOLO DARÉ MIS
ORDENES EN EL ÚLTIMO MOMENTO . . . Si mí objetivo está allá, yo miro para otro
lado, y cuando se encuentra a mí alcance me vuelvo de repente y me abalanzo
sobre mi presa antes de que haya tenido tiempo de proferir un grito . . . UNO DE
LOS TALENTOS FUNDAMENTALES DEL ESTADISTA CONSISTE EN
ADUEÑARSE DE LOS CONSEJOS QUE ESCUCHA A SU ALREDEDOR . . . EL
SÚMMUM DE LA ASTUCIA CONSISTE EN APARECER COMO FRANCO,
CUANDO EN REALIDAD UNO PRACTICA LA ENGAÑOSA LEALTAD de los
cartagineses. No solo mis designios serán impenetrables, sino que MIS PALABRAS
CASI SIEMPRE SIGNIFICARÁN LO CONTRARIO DE LO QUE PARECERÁN
INDICAR: cuando diga que recurriré a medios morales, es porque me propongo
utilizar la fuerza . . . Un príncipe cuyo poder está fundado sobre una base
democrática debe hablar con un lenguaje cuidado y no obstante popular. NO DEBE
TEMER, LLEGADO EL CASO, HABLAR COMO DEMAGOGO, PORQUE DESPUÉS
DE TODO, ÉL ES EL PUEBLO Y DEBE TENER SUS MISMAS PASIONES . . .
Algunas debilidades, y aún ciertos vicios, le son al príncipe tan útiles como las
virtudes: no se debe creer, por ejemplo que el carácter vengativo del soberano
pueda perjudicarlo; muy por el contrario. Si a menudo es oportuno que utilice la
clemencia o la magnanimidad, es necesario que en ciertos momentos su cólera se
haga sentir de una manera terrible. EL PRÍNCIPE NO TIENE MÁS QUE ELEGIR
LOS INSTRUMENTOS QUE LE SERVIRÁN PARA DESCARGAR SU FURIA;
SIEMPRE ENCONTRARÁ JUECES DISPUESTOS A SACRIFICAR SU
CONCIENCIA A LOS PROPÓSITOS DE VENGANZA O DE ODIO DEL PRÍNCIPE . .
. Quienquiera que prestase a mí gobierno algún servicio, recibiría su recompensa al
día siguiente. LOS CARGOS, LAS DISTINCIONES, LAS MÁS ALTAS DIGNIDADES
CONSTITUIRÍAN OTRAS TANTAS ETAPAS SEGURAS PARA QUIEN ESTUVIESE
EN CONDICIONES DE PRESTAR SERVICIOS ÚTILES A MÍ POLÍTICA”.
Montesquieu: “Si, como creo, Maquiavelo, del principio al fin de esta conversación no
habéis hecho otra cosa que burlaros, considero esta ironía como vuestra obra más
magnifica”.
Maquiavelo: “¡Ironía!. Cuan equivocado estáis si así lo creéis. ¿No comprendéis
acaso que os he hablado sin tapujos y que es la violencia terrible de la verdad la que
da a mis palabras el matiz que vos creéis ver?”.
Montesquieu: “Habéis terminado”.
Maquiavelo: “Todavía no”.
Montesquieu: “Terminad entonces; ¡esta será mi expiación por la temeridad que
cometí al aceptar esta apuesta sacrílega!”.
Maquiavelo: “Lo que acabo de describiros, ese conjunto de cosas monstruosas ante
las cuales el espíritu retrocede despavorido, esa obra que solo el infierno es capaz
de realizar, TODO ESO ESTA HECHO, TODO ESO EXISTE, TODO ESO
PROSPERA DE CARA AL SOL, EN UN PUNTO DE ESE GLOBO QUE HEMOS
ABANDONADO”.
Montesquieu: “¿Dónde? . . .”
Nunca sabremos dónde Maquiavelo diría a Montesquieu se encontraba ese punto
abandonado. Lo que sí sabemos, porque lo tenemos bajo nuestras narices, es dónde
se encuentra la putrefacción de los gobiernos ¡y es que está aquí en Yucatán, en
todas partes de México!, para nuestra desgracia. En algunos gobiernos la
podredumbre es mayor o menor, pero siempre encontraremos administraciones
corruptas, funcionarios autoritarios y prepotentes, legisladores cuyo único propósito
es vivir a expensas del erario, como parias del presupuesto, holgazanes y
presumidos. Vemos indignados como algunos pocos se convierten en millonarios de
la noche a la mañana, mientras los campesinos, el pueblo, los ciudadanos, los
trabajadores, ven como su salario es cada vez menos remunerador.
Así, los que estaban ya en la extrema pobreza serán ahora indigentes; los que eran
pobres estarán ahora en la extrema pobreza, serán menesterosos; los que eran
clase media ahora serán pobres; los que eran ricos ahora serán clase media y, por
fin, por una asombrosa paradoja, los millonarios ahora serán multimillonarios, ¡qué
suerte!.
Si haces el mismo ejercicio que en la primera parte de este artículo, en donde en
lugar de Maquiavelo o del príncipe de que habla, pongas a un personaje actual, un
político terco, autoritario, acostumbrado siempre a hacer su voluntad: “EL CACIQUE”
y, en lugar de Montesquieu pones a un honesto político demócrata: “EL
DEMÓCRATA”, sabrás el por qué es tan actual lo apuntado por los actores del
coloquio relacionado.
Tal vez lo que ha sucedido en México se deba a su riqueza. Los políticos, abusando
de las bondades de este país, lo saquearon a su antojo. Mientras hubo que repartir,
los mandatarios cleptómanos lo hicieron; en magnates se convirtieron. Ahora que
menos hay, que estamos en la quiebra, ¿cómo se nos gobernará?, ¿continuará la
explotación depravada del pueblo?. Lo dudo, ya que a diferencia de antes, ahora
nada o poco de dinero obtendrá el actual gobierno, aunque nos expriman, solo
fluidos de nosotros obtendrán.
Pero aún con todas las calamidades ocurridas, ¡SOMOS LIBRES!, y eso es lo que
verdaderamente importa. Por eso hoy más que nunca tenemos que ser críticos.
Debemos cuestionar todo, dudar de todo, preguntarse, asombrarse y reflexionar.
Solo así, abierto al mundo, a sus encantos y a su podredumbre, podrá realizarse el
hombre plenamente, sentirse realmente vivo y seguro de sí mismo. Corremos el
riesgo al hablar, al expresarnos, de ser tomados en cuenta o no. Uno de los
problemas que el hombre tiene inicia cuando se relaciona con los demás. Gavaert
acertadamente opina que la libertad es: “aquel estado del hombre que en gran
medida se ha liberado de las diversas alienaciones y domina su propio obrar y su
propia existencia de tal manera que puede llamarse verdaderamente libre. El termino
libertad pasa así a ser equivalente de madurez, estado adulto, mayoría de edad,
para señalar a un hombre que es auténticamente él mismo, un hombre que no esta
bajo ninguna tutela”.
Debemos evitar a los farsantes, mentirosos y perversos, a aquellos que revestidos
de una falsa autoridad política, moral o religiosa pretenden inculcarnos conceptos de
su conveniencia, esperando los sigamos tal como nos los presentan, sin cuestionar,
solo aceptar y obedecer. No creo que debamos seguir a Maquiavelo cuando dice: “si
el partido principal, sea el pueblo, el ejército o la nobleza que os parece mas útil y
más conveniente para la conservación de vuestra dignidad está corrompido, debéis
seguirle el humor y disculparlo. En tal caso la honradez y la virtud son perniciosas”. A
la autoridad: crítica. Olvidémonos de la sociedad permisiva en asuntos de gobierno y
religiosos.
Atentos, siempre atentos tenemos que estar de las autoridades perversas y
maliciosas que abusan del pueblo. Merecen por esto el desdén de los ciudadanos.
Su paga será el descrédito de la sociedad. Baldón eterno para ellos. Denúncialos,
atrévete a hablar, que se oiga tu voz, ¿y sabes que?, ¡es gratificante!. Tal vez al
solitario nadie escuche, pero si todos nos expresamos, tal estruendo se producirá,
que aturdirá al mal gobernante.
Mérida, Yucatán, México, a 9 días del mes de mayo del año 2001.